La fatal arrogancia de nuestros políticos

Jueves 15 de enero de 2015

Luego de una larga jornada en el senado se terminó con el sistema electoral: binominal. A pesar de la argumentación de algunos parlamentarios, la Nueva Mayoría hizo valer su nombre. Se acabó con un sistema que desde hace ya mucho, tenía sus días contados.

No fue un objetivo como la reforma educacional o tributaria, el desarrollo de este proyecto es, más bien, parte de un interés político de un sector que tiene una mayoría de escaños.

Un argumento al que se recurrió para desarrollar este proyecto fue: “el sistema binominal se hizo para favorecer a un sector político”. Claramente el proyecto de reforma al sistema electoral que se está llevando a cabo, responde al mismo objetivo: ¡beneficiar a un sector político! La argumentación en base a esta idea, del beneficio a un sector en el sistema actual, consiste en una hipocresía, ya que ahora se legisla para beneficio de un determinado sector.

Parece que el gran problema del sistema binominal es su origen. La clase política parece no perdonar ciertas cosas que siendo buenas y útiles para el país, han tenido su origen en un período de la historia de nuestro país. Se cree hoy, por esencia, que todo lo nacido en el gobierno militar es malo. La ideología deja ciegos a muchos y no les deja ver que hay cosas que son muy rescatables y han sido parte del desarrollo chileno, entre ellas: el binominal.

Este sistema electoral lleva unos años en vigencia y ha demostrado ser una gran herramienta para la democracia, ya que permite una estabilidad política y sirve, en gran medida, para conseguir una representación más amplia de todo el espectro político y no solo de algunos.

Este sistema ha sido el medio por el cual se moderan coaliciones políticas y llevarlas a consensos. Se ha permitido que se haya tomado el camino que ha llevado a Chile a la prosperidad que ha tenido en las últimas décadas. En resumen, el sistema binominal es parte de lo que ha llevado a nuestros dirigentes políticos a acuerdos que han beneficiado a todos. Y hoy, movidos por la ideología, se quiere acabar con este sistema.

Otra arista importante de esta reforma al sistema electoral es el redistritaje y el aumento de parlamentarios, elementos que tampoco han sido frutos de la búsqueda de lo mejor para el país. Más bien, han seguido la lógica de llegar a acuerdos entre parlamentarios y se ha dejado de lado el porqué se está realizando todo este cambio.

El nuevo sistema de redistritaje viene con el afán de tener un nuevo grupo de parlamentarios. ¿Acaso queremos más personas legislando? La verdad es que este aumento se justifica en llegar a la “igualdad del voto” (o lo más cercano a eso) pero la forma en que se quiere ejecutar esta idea carece de fundamentos y no sigue una lógica clara. Ciertamente, la forma en que se va a realizar esto responde a un interés político (de votos en el senado) antes que a favor de Chile y los electores.

Pero no son solo las inconsistencias el error en el que incurren sino también en el desarrollo de nuestra regionalización y en el proceso de descentralización. En estas áreas también repercuten las medidas que se llevarán a cabo. Pues un redistritaje en la forma que está planteado, apunta a “centralizar” a las ciudades de mayor población, alejando a los pueblos más chicos de sus parlamentarios. Esto es, como diría la ahora cuestionada senadora Ena von Baer: “una pena”.

Las discusiones en torno a esta reforma pueden terminar siendo perjudiciales para el país y si no se corrigen las inconsistencias y se empieza a trabajar a favor del país en vez de a favor de los políticos, mucho no puede esperarse del futuro institucional de Chile ¿Será este el inicio del neopopulismo chileno?

Raimundo Cox D.
Encargado de secundarios Acton Chile