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El Mostrador

Amnesia al horror

Viernes 31 de enero de 2014

Durante las últimas semanas se ha escuchado en forma continua, a veces con odiosa insistencia, a varios personeros del Partido Comunista defender lo indefendible. Por ejemplo, el diputado reelecto Lautaro Carmona, negó la violación sistemática de los Derechos humanos en Alemania Oriental; la diputada electa Karol Cariola declaró admiración ciega a Lenin y su obra; el dirigente comunista Camilo Ballesteros afirmó que en la dictadura cubana “hay una democracia distinta a la chilena”; y no olvidemos que el diputado Guillermo Tellier defendió el régimen totalitario de Corea del Norte.

La verdad es que estas afirmaciones no son ninguna novedad. Lo inédito es el papel trascendental que el Partido Comunista tendrá en el gobierno de la Nueva Mayoría, ya sea eventualmente integrando el gabinete y, sin duda, con sus votos en la Cámara presidiendo nada menos que las comisiones de Cultura y Derechos Humanos. Por cierto, ¿cuál será la posición del futuro gobierno chileno, ese que –se supone– nos representará a todos, en materia de Derechos Humanos con estos paladines?

Tengamos en cuenta los hechos. En Alemania Oriental había nada menos que un muro, múltiples alambradas, guardias armados con orden de fusilamiento y otros sistemas bárbaros para evitar la “fuga de ciudadanos”. En tanto, en Cuba hoy los balseros son un símbolo de la desesperación de quienes arriesgan sus vidas en aguas infestadas de tiburones para escapar de una economía planificada, de miserables condiciones de vida, sin libertad de expresión, ni derecho a la propiedad o la organización política. En ambos países, millones escapan del comunismo.

La “democracia de los pies”, aquella que hombres y mujeres manifestaron arriesgando sus vidas –literalmente– para vivir fuera de esas utopías totalitarias comunistas, es uno de los mejores ejemplos de cómo el ser humano busca forjar su propio destino, aspirando a explotar sus propias capacidades para poder elegir en libertad su felicidad.

¿Qué llevó a hombres y mujeres a arriesgar su vida? Principios que para nosotros hoy son muy comunes, como la libertad de expresión, la posibilidad de mejorar a través del esfuerzo nuestras condiciones de vida, el libre tránsito, emprender, la propiedad privada, vivir sin miedo, es decir: libertad. Durante muchos años ésta fue negada, y aún lo es, por el comité central de alguno de estos “paraísos en la Tierra”, establecidos bajo el yugo del igualitarismo y con un terrorismo de Estado que ha cobrado millones de vidas.

“Tapar el sol con un dedo” es una peligrosa práctica en donde la “amnesia al horror” parece ser otro de los múltiples intentos de reescribir la historia en el establecimiento del mesianismo estatal, ese que asegura que puede elegir mejor que los individuos y que no somos capaces de ejercer la libertad, libertad que añoramos cuando nos es escasa al igual que la buena salud.

Francisco Sánchez Urra
Analista Círculo Acton Chile

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2014: momento de recordar el desastre y la esperanza

Sábado 22 de febrero de 2014

En 2014 conmemoraremos dos hitos que han marcado la historia de la humanidad en desastre y esperanza. Por una parte, se cumplen 100 años del inicio de la “Gran Guerra”, aquella que para pesar del mundo sería conocida como la Primera Guerra Mundial. Y también celebraremos 25 años de la la caída del “Muro de Berlín”, el ejemplo tangible de la represión y el resguardo de una de las más terroríficas utopías que nos ha brindado la historia. Ambos hitos son la expresión de aquel pensamiento que conllevó al reemplazo de los individuos a través de la imposición de ideales colectivos y sus nefastas consecuencias.

En la Primera Guerra Mundial una generación pasó de una paz relativamente estable a una larga confrontación que llevó a la muerte a millones con una máquina de guerra nunca antes vista, que asombraría a sus más férreos defensores. Hombres partirían al frente en agosto de 1914 esperando regresar en Navidad. Lo largo de la confrontación nadie lo esperaba, la industria de paz que tantos avances había brindado en el siglo XIX tomó un giro que nos hizo conocer la guerra de gases, el tanque, el bombardeo aéreo y un sinnúmero de máquinas y técnicas con el objetivo de destruir al hombre, objetivo que no tan sólo se logró en el campo de batalla sino también en el de las ideas.

Además de las millones de muertes, miseria y destrucción, las consecuencias de esta guerra fueron el fortaleciendo de las ideologías colectivistas y las estructuras planificadas, se perdió la fe en el individuo, su papel como creador y generador de riqueza; esto dio espacios a los experimentos de ingeniería social que produjeron los sistemas totalitarios más sangrientos que ha conocido la humanidad: la Alemania nacionalsocialista, la Italia fascista y la Unión Soviética comunista con sus tentáculos en diferente partes del mundo, que aplicaron las doctrinas socializantes al extremo de reemplazar al individuo por la ideología sin tomar en cuenta el costo en vidas, recursos y con la abierta convicción de que el Estado es la máxima expresión de justicia y redistribución de riqueza.

La Segunda Guerra Mundial, que fue más sangrienta que la primera, culminó con el fin de la época del totalitarismo germano e italiano. Sin embargo, consolidaría el proyecto soviético que, ante la incapacidad de mantener a sus ciudadanos, crea un muro que divide literalmente una ciudad, un país, un conteniente, en fin, al mundo. El “Muro de Berlín” no es una metáfora, fue una realidad que mantuvo contenidos a millones de individuos y no fueron pocos los que arriesgaron sus vidas tratando que cruzar a Occidente, como tampoco fueron pocos quienes la perdieron buscando la posibilidad de forjar su propio destino, la búsqueda eterna de su propia felicidad y esa libertad de elegir que se les había negado.

Estos hitos marcan el siglo XX de tal forma que nos deja ese una sensación pesimista; pero, al contrario, es de esperanza, como señaló el periodista e historiador Paul Johnson en torno a la década de los 70 en Occidente: “Aprendimos, una vez más, a valorar la importancia del mercado y del sistema capitalista que surge de él, para crear riqueza y libertad”, es una época de líderes extraordinarios que combatieron sin temor al proyecto totalitario soviético, nos referimos a Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Juan Pablo II, líderes en una época compleja donde literalmente el mundo estaba a un botón de una guerra termonuclear.

La caída del muro de Berlín, en noviembre de 1989, es la apertura a un mundo de esperanza donde el libre tránsito hacia Occidente no tan sólo representaba trasladarse un par de metros, sino ejercer con fuerza y sin miedo la libertad, aquella fe en el individuo, explorar sus capacidades y concretar sus aspiraciones, la posibilidad de buscar su propia felicidad.

Son dos extremos de ese siglo XX que comienza con desesperanza y profundo dolor de una humanidad casi destruida con el horror de la guerra y que concluye con la esperanza plena de que no hay muros que contengan el espíritu del individuo, sus aspiraciones y la fuerza incontenible de la libertad.

Francisco Sánchez Urra
Analista Círculo Acton Chile

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