Un centenario cuento de Navidad: la paz de Noche buena de 1914

Miércoles 24 de diciembre de 2014

Estamos acostumbrados a que en estas fechas se reciten los típicos cuentos de Navidad, fantasías hechas para la entretención de los niños. Pero no es esa clase de cuentos que amerita narrar esta vez. Es nuestra pretensión conmemorar un cuento que no tiene nada de irreal, pero mucho de increíble.

Si en 40 años no hubo ninguna guerra significativa en suelo europeo se debió a que en buena medida hubo un clima hegemónico de Libertad. Pero la Paz propiciada por la abstención política en favor del libre intercambio cultural y económico entre los pueblos, luego se vio amenazada y finalmente aniquilada por una creciente actividad estatal de las distintas potencias europeas que se propusieron cautivar sus mercados coloniales (lo que, por supuesto, incentivaba a una competencia colonialista mucho más violenta) y a reestablecer las barreras comerciales. Como adelantara Bastiat, si los bienes no cruzaban las fronteras, lo terminarían haciendo los ejércitos. Y cuando los medios diplomáticos se agotaron, se cumplió la sentencia de von Clausewitz de que “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Después de un capítulo de Paz en la Historia Europea, estalla la primera Gran Guerra del tiempo contemporáneo.

Por la ignorancia propia de la inexperiencia bélica, de estrategas a rasos todos pensaron que la Gran Guerra estaría resuelta en cuestión de meses, pero los movimientos de las primeras semanas al poco pasar se estancaron. Para los generales todo se volvió infinito, mientras que en triste paradoja todo se volvió fugaz para los soldados que eran arrojados al campo por el silbato de los oficiales y tumbados en este por la metralla del enemigo, si acaso no tenían la suerte de solo sufrir mutilaciones enredados en el alambre de púas. Medio centímetro de avance en el mapa significaba decenas de miles de hombres en las tumbas, simplemente parecía que nada podría satisfacer la sed de sangre del conflicto ni mucho menos ponerle fin.

En este contexto de decepción, angustia, dolor y sobre todo de cansancio del odio que, haciendo honor a la “magia” que rodea a la fecha, es que en la Noche Buena de 1914 los soldados del frente occidental deciden espontáneamente, y en rebeldía de sus indemnes superiores, pactar una tregua. Partió con entonaciones internas de melancólicos villancicos, los que a cien metros de distancia eran perfectamente audibles por la facción enemiga. Luego comenzaron a coincidir estas canciones, identificando melodías que por supuesto portaban distintas letras. Le siguieron tímidas señales de banderas blancas y desenlazó en atrevidas exposiciones por sobre las trincheras de cuerpo entero, cosas estas que no fueron sino pasos de fe en medio de la desesperación.

La maravilla de este cuento radica en que, lejos de ver en los ojos ajenos la enemistad, los soldados vieron en el ojo del prójimo un reflejo de su propia Humanidad. El universal sentir de la Navidad pudo inundar lo que hasta hace horas eran los campos de lucha y muerte. Este suceso ha inspirado decenas de películas y documentales, y en efecto es un momento clave en donde el clamor de Libertad y paz inscrito en nuestra propia composición humana venció a la guerra y a la coacción estatal, donde el odio fue superado por un espíritu de fraternidad. El dolor fue reemplazado por un regocijo al que no le importó mucho el color del uniforme ni las barreras de lenguaje. Lo que viene después es la bella continuación de este cuento: sepultura de los cuerpos de los amigos caídos en combate, liturgias compartidas entre distintos credos, competencias deportivas, cantos alegres y cuanto más, hechos que en algunos lugares se extendieron hasta bien entrado Enero de 1915.

Pero este excepcional cuento también es excepcional en su fin, no termina con un “felices para siempre”. Toda esta sucesión de hechos increíbles sucede bajo la total incomprensión de los políticos, generales e industriales amigos del gobierno. Es la tendencia de quienes tienen poder el asfixiar cualquier intento humano de Libertad. Sin embargo hemos de recordar que ese día la Humanidad venció a la guerra. El pacto de paz fue entre personas ordinarias nacidas en libertad, que ejercían esta última en los actos cotidianos de bondad y cooperación antes del enfrentamiento bélico, fue un reclamo de lo que les pertenecía por derecho propio. En el tiempo presente es de provecho conmemorar este maravilloso suceso para tener conciencia de cuál es la reacción de los hombres libres ante circunstancias en que se les arrebata su propia opción de elegir y sus sentimientos humanos más básicos de solidaridad y fraternidad.

Francisco Sánchez Urra y Joaquín Rodriguez Droguett
Analistas Círculo Acton Chile