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11 de septiembre de 1973: el día que Chile se salvó de ser una nueva Cuba

Gonzalo Ibanez Santa MariaUn homenaje a nuestros valientes soldados

El fallecimiento de Fidel Castro es ocasión para que recordemos una época dramática de nuestra historia. La que discurre entre el 4 de septiembre de 1970 hasta el día 11 también de septiembre, pero de 1973, cuando nuestras Fuerzas Armadas y de Orden

asumen el gobierno de la nación, poniendo término al experimento marxista de Salvador Allende. Ese experimento, intentado durante ese período, tuvo dos puntos de referencia: hacer de Chile el hermano menor de la Unión Soviética y hacer de él una nueva Cuba. Al costo que fuera. La violenta requisición de tierras, industrias, empresas y comercio arruinó la economía nacional y el proyecto de Escuela Nacional Unificada amenazó con entregar el control de la niñez y de la juventud al aparato estatal para hacer de ellos un simple material de la revolución; el uso de la violencia, declarado legítimo para imponer el socialismo, amenazaba a la población pacífica. El país enfrentó con decisión esta asonada totalitaria. Desde el cacerolazo de las mujeres, hasta el paro de los transportistas pasando por la marcha de los obreros del cobre sobre Santiago, la oposición fue rotunda. Pero nada conseguía hacer variar los designios oficialistas. Hasta que, llamadas insistentemente por la civilidad, nuestras Fuerzas Armadas y de Orden decidieron intervenir y poner término al experimento. Chile se salvó por la decisión que ellas adoptaron.

Cuando más de 40 años después reflexionamos acerca del destino de los "modelos" que se nos intentaba imponer, no podemos dejar de valorar una vez más el paso dado por nuestros soldados. La Unión Soviética reventó de manera brutal cuando todas las poblaciones que ella sojuzgaba, comenzando por la propia y la polaca, decidieron que no era posible seguir tolerando el mar de brutalidades en que las tenía sumergida el régimen comunista. Cuba, en cambio -isla, al fin y al cabo- ha debido soportar hasta el final esta tiranía. Millones huyeron, decenas de miles perecieron tratando de cruzar el mar que los separaba de territorios libres y miles cayeron también de espalda a los terribles paredones que Fidel Castro y su fiel amanuense, Ernesto Che Guevara, levantaron y emplearon para ahogar toda oposición. La pobreza, el retraso inverosímil, el temor a las represalias, la delación y el soplonaje han marcado la vida de los cubanos durante casi sesenta años. Y, detrás de ese régimen, la figura todopoderosa, cruel y psicópata de Fidel Castro.

Nuestra Presidenta, Michelle Bachelet, se ha hecho presente enviando un mensaje donde se refiere a Castro como un líder por la dignidad y la justicia social en Cuba y en América Latina. Si no fuera por la tragedia que ha vivido Cuba en estos casi sesenta años; si no fuera por los que murieron por la violencia marxista y por los que tuvieron que huir y exilarse, la frase de Bachelet sería para la risa. Nada más lejos de la dignidad humana y de la justicia social que un régimen como el castrista. ¿Es que Bachelet todavía quiere replicarlo en Chile?