• A 25 años de la caída del muro de Berlín

    Miércoles 29 de octubre de 2014

    “Para mí, la República Democrática Alemana era mi vida. Yo trabajé, colaboré, desde el primer momento, por la construcción de ese país. Dediqué toda mi vida a ello y es verdaderamente trágico que ya no exista", Margot Honecker señalaba en el año 2012.

    Lo que muchos suelen olvidar es que la atrocidad del sistema totalitario establecido en la República Democrática Alemana, para nuestros jóvenes lectores más conocida como Alemania Oriental, no eran metáforas sino crudas realidades. La construcción de un muro, que algunos denominaron el “muro de la vergüenza” y otros con aires de orgullo “muro de defensa antifascista”, era una de las tangibles pruebas de que cuando el Estado no puede suprimir la libertad de las personas debe encerrarlas.

    El muro de Berlín de una u otra forma representa la terrible herencia de una época en donde se trató de reemplazar a las personas por la voluntad del Estado, aquel que unos pocos burócratas planificaban y aspiraban a decidir por las personas. Cuando el libre tránsito nos es común, la opción de elegir parece algo inalterable y la aspiración a proyectos propios parece a la mano debemos reflexionar de la importancia de la libertad y de qué manera la humanidad aspira a ella.

    No es casualidad que los flujos migratorios de personas se dirijan a países con mayor libertad y mejores condiciones de vida, es lo que se denomina “democracia de los pies”, hace un poco más de 25 años en Alemania Oriental eso literalmente costaba la vida y muchos estuvieron dispuestos a entregarla, por eso la “caída del muro de Berlín” representa un hito tan relevante en la historia de la humanidad, pues, no es tan solo el derrumbe de una estructura sino que es el triunfo de la humanidad en donde la libertad no pudo ser encerrada ni contenida por el Estado.

    En efecto el hito acaecido hace 25 años reafirma el valor de la libertad y confianza entre las personas, la reunificación alemana que tan lejano se vio para una generación es una realidad que ha traído un sinnúmero de desafíos no tan solo en la reconstrucción de ciudades como Dresden sino también en la integración de sus ciudadanos. Es por eso no menor la afirmación que el “muro se abrió”, manteniéndose presente en algunas facetas del quehacer alemán los desafíos por mantener la memoria en torno a tan trágico episodio y fortalecer la democracia. Adicionalmente, el esfuerzo por mantener la tolerancia en vista de un relato terapéutico no tan solo en relación a los horrores del nazismo sino también del socialismo que mantuvo oprimidas a millones de personas.
    Para las nuevas generaciones parece ser una historia de ciencia ficción lo acaecido en el siglo XX, un siglo que nos legó un largo expediente de crueldad pero al mismo tiempo de esperanza en el ser humano, en su capacidad creadora. Fue un siglo donde la libertad tuvo una vez más expresiones y defensores que nunca se han callado, que no claudicaron a la comodidad ni al odio fratricida que muchos propagaban a los cuatro vientos. Nos demostró que la humanidad venció a la guerra y que la libertad no puede ser contenida por el arbitrario deseo de quienes temen a la capacidad de las personas y su legítima capacidad de forjar su propio destino.

    Quienes de una u otra forma sienten nostalgia por aquel sistema inhumano suelen señalar que todo esto era simbólico, pero poco de simbolismo hay en los millones de testimonios y cientos de vidas entregadas en sus alambradas, poco de metafórico había en las ametralladoras, minas antipersonales, perros y guardias que tenían como objetivo impedir el transitar al mundo libre y muy poco de metafórico hay en quienes justifican uno de los totalitarismos más sanguinarios de la historia.

    Francisco Sánchez Urra
    Analista Círculo Acton Chile

  • Acciones totalitarias: Culto de maíz o "Choclomanía" en la URSS

    Martes 27 de diciembre de 2016mais

    Todos conocen el culto de Stalin, pero pocos conocen que fue reemplazado por el "culto al maiz", por el cual se conoce en Rusia el dirigente soviético Nikita Jruschiov.

  • Amnesia al horror

    Viernes 31 de enero de 2014

    Durante las últimas semanas se ha escuchado en forma continua, a veces con odiosa insistencia, a varios personeros del Partido Comunista defender lo indefendible. Por ejemplo, el diputado reelecto Lautaro Carmona, negó la violación sistemática de los Derechos humanos en Alemania Oriental; la diputada electa Karol Cariola declaró admiración ciega a Lenin y su obra; el dirigente comunista Camilo Ballesteros afirmó que en la dictadura cubana “hay una democracia distinta a la chilena”; y no olvidemos que el diputado Guillermo Tellier defendió el régimen totalitario de Corea del Norte.

    La verdad es que estas afirmaciones no son ninguna novedad. Lo inédito es el papel trascendental que el Partido Comunista tendrá en el gobierno de la Nueva Mayoría, ya sea eventualmente integrando el gabinete y, sin duda, con sus votos en la Cámara presidiendo nada menos que las comisiones de Cultura y Derechos Humanos. Por cierto, ¿cuál será la posición del futuro gobierno chileno, ese que –se supone– nos representará a todos, en materia de Derechos Humanos con estos paladines?

    Tengamos en cuenta los hechos. En Alemania Oriental había nada menos que un muro, múltiples alambradas, guardias armados con orden de fusilamiento y otros sistemas bárbaros para evitar la “fuga de ciudadanos”. En tanto, en Cuba hoy los balseros son un símbolo de la desesperación de quienes arriesgan sus vidas en aguas infestadas de tiburones para escapar de una economía planificada, de miserables condiciones de vida, sin libertad de expresión, ni derecho a la propiedad o la organización política. En ambos países, millones escapan del comunismo.

    La “democracia de los pies”, aquella que hombres y mujeres manifestaron arriesgando sus vidas –literalmente– para vivir fuera de esas utopías totalitarias comunistas, es uno de los mejores ejemplos de cómo el ser humano busca forjar su propio destino, aspirando a explotar sus propias capacidades para poder elegir en libertad su felicidad.

    ¿Qué llevó a hombres y mujeres a arriesgar su vida? Principios que para nosotros hoy son muy comunes, como la libertad de expresión, la posibilidad de mejorar a través del esfuerzo nuestras condiciones de vida, el libre tránsito, emprender, la propiedad privada, vivir sin miedo, es decir: libertad. Durante muchos años ésta fue negada, y aún lo es, por el comité central de alguno de estos “paraísos en la Tierra”, establecidos bajo el yugo del igualitarismo y con un terrorismo de Estado que ha cobrado millones de vidas.

    “Tapar el sol con un dedo” es una peligrosa práctica en donde la “amnesia al horror” parece ser otro de los múltiples intentos de reescribir la historia en el establecimiento del mesianismo estatal, ese que asegura que puede elegir mejor que los individuos y que no somos capaces de ejercer la libertad, libertad que añoramos cuando nos es escasa al igual que la buena salud.

    Francisco Sánchez Urra
    Analista Círculo Acton Chile

  • Aquella Navidad de 1914

    Martes 23 de diciembre de 2014

    En vísperas de Navidad y a 100 años de la Primera Guerra Mundial, es imposible dejar de recordar aquel instante cuando en diferentes sectores del frente occidental europeo, miles de soldados sin órdenes ni documentos ejercieron la paz aquella noche.

    Aquella guerra se esperaba que durase tan sólo un par de meses, sin embargo, tras la construcción de las trincheras, los soldados esperaban angustiados el silbato para un ataque infructuoso que sólo generaba mutilaciones y muerte, el conflicto parecía estancado y la diplomacia estaba congelada en reclamos de los diferentes Estados participantes en la contienda, medio centímetro en el mapa significaba miles de hombres en las tumbas, simplemente parecía que nada podría concluir la primera gran guerra de la época contemporánea.

    Sin embargo, la noche de Navidad marcó una diferencia: Soldados de diferentes partes del mundo a lo largo de toda la línea de trinchera que cruzaba Europa comenzaron a cantar villancicos, tímidamente se asomaron fuera de la trinchera y comenzaron a compartir con quienes eran sus enemigos declarados. Es lo que se llama la “Paz de Navidad de 1914″ y que ha inspirado varias películas y cientos de documentales, en efecto es un momento clave en donde la humanidad venció a la guerra, donde el odio fue reemplazado por un espíritu de fraternidad y compañerismo, donde el dolor encontró regocijo sin importar uniforme, idioma o bandera.

    Es el triunfo que paralizo al mundo, dejo estupefactos a generales, cancilleres, políticos y planificadores centrales, dio esperanza a un mundo inundado por el horror de la guerra. ¿Cómo fue posible que enemigos declarados estuviesen en paz? La respuesta tiene que ver con la esencia del ser humano, su condición natural no es el conflicto, no es la opresión es el ejercicio de la libertad que favorece la generación de la paz, fueron simples soldados y no grandes políticos quienes simplemente decidieron estrechar la mano de quienes tenían al frente, confiar en quienes cantaban alegres canticos, en ver a los ojos y sentir que, al igual que “la lucha de clases”, las guerras son hechos artificiales que representan a gobiernos y no necesariamente a las personas que combaten. Marcaron la diferencia y asumieron la responsabilidad, pues no es posible contener nuestra humanidad, es un recuerdo que nos debe traer la luz en una época tan especial, más aun cuando la violencia en el discurso parece ser pan de cada día.

    La Paz de Navidad no fue un milagro. Es la manifestación de la libertad y confianza en las personas que nos ha hecho progresar y desarrollar en los más diversos ámbitos de nuestra historia.

    Francisco Sánchez Urra
    Analista Círculo Acton Chile

  • El Muro de Berlín, el derrumbe del modelo… 25 años después

    Lunes 10 de noviembre de 2014

    Cuando hablamos del muro de Berlín y lo épico de su derrumbe, caída o apertura, nos referimos no tan solo a esa inhumana estructura física sino también al cruento sistema totalitario establecido en la desaparecida República Democrática Alemana. Así es inhumano y totalitario, un régimen que estableció el terror como herramienta para el control de su población, la desconfianza entre las personas y el establecimiento de cruentos sistemas de tortura y supresión de las aspiraciones humanas. Muy poco se suele hablar de este intento de “paraíso en la tierra” por parte de quienes hoy por hoy se autodenominan “paladines de la defensa de los derechos humanos”, en efecto no fueron pocos los chilenos que por la vía del exilio, o auto exilio, arribaron a Alemania del Este posterior al colapso del proyecto de la Unidad Popular, su nula critica o justificación de aquel sistema del terror hasta el día de hoy deja estupefacto por su contradicción o explicación simplista de un “proceso irreversible” que costó la vida de miles de personas y trató de imponer la voluntad del Estado por sobre la legítima esperanza de que cada persona forjara su propio destino y libre búsqueda de su felicidad.

    De esta manera la justificación o simple “amnesia al horror” de la izquierda chilena nos hace meditar que estos regímenes totalitarios no tan solo son justificados sino aspirados por algunos de ellos, no por el hecho de justificar a Cuba, Venezuela o Corea del Norte, sino al tratar de establecer una memoria que sea favorable a sus fines políticos y acceso al poder.

    La República Democrática Alemana, fue en sí un régimen, en donde el rol del Estado era el principal impulsor y controlador de la vida cotidiana y publica, un Estado policial en donde la inmensa red de agentes, informantes y colaboradores hacían dudar de los vecinos, amigos y familiares. El acceso a sus archivos ha entregado evidencia tangible de cómo el terror, la tortura y los juicios arbitrarios eran cosa cotidiana y su objetivo era mantener una población cautiva, temerosa y con una “lealtad a la causa” que permitiese la instauración del “paraíso en la tierra” bajo la consigna de la lucha de clases.

    Sin embargo, aunque trágica, la historia de sus ciudadanos no pudo ser contenida, pues, fueron cientos los que con éxito cruzaron el muro y relataron los horrores de aquel país utópico que muchos veían como modelo, dieron testimonio de la resistencia en la clandestinidad de círculos de lectura, reuniones de escucha de señales de radio de occidente y de qué manera el incontenible espíritu humano esperaba el momento para explotar y ejercer la libertad. De esta forma, es importante comprender que la caída del Muro de Berlín no responde tan solo a una decisión de los jerarcas del bloque oriental por razones de Estado sino también a una incontenible situación social que no iban a poder controlar en el corto plazo, es el espíritu de las personas que ansían libertad que a pesar del terror, los mecanismos de control y la dictadura del hambre impuesta, pueden de todas maneras poner en jaque a uno de los sistemas totalitarios más crueles en la historia del mundo.

    Recuerdo aun siendo niño ver cómo esas personas encaramadas en el muro cantaban y se abrazaban, bebían y vitoreaban, y, en algo que para mí era incomprensible en ese momento, escuché las sabias palabras de mi padre: “el mundo cambio”… así fue, pero al parecer la memoria continúa siendo frágil y conveniente para aquellos que aún enarbolan la bandera de “la lucha de clases” y “los procesos irreversibles”. Son 25 años de aquel instante en que realmente el mundo pareció detenerse y comenzar un rápido caminar al volver a creer en las personas, sin embargo transcurrido ese tiempo también nos hace reflexionar que como caen estos regímenes también vuelven a surgir. Es a lo que se refería Tomas Jefferson: “El precio de la libertad es la eterna vigilancia”, de ahí la importancia de la historia y de hacer presente a nuestros jóvenes que quienes propician el paraíso en la tierra lo hacen con alambradas, muros de concretos y terror. En nuestros tiempos aún perduran algunos muros, otros se están edificando fomentados por el populismo y la demagogia, pero lo importante es tener presente que aunque estos muros pasan desapercibidos ante nuestros ojos es necesario estar alertas y tener claro que la libertad es algo por lo que se batalla desde las ideas cada día, pues, hay modelos que ya pasaron de moda.

    Francisco Sánchez Urra
    Analista Círculo Acton Chile

  • La imagen de Arturo Prat

    Domingo 08 de enero de 2017

    Ante la portada de un conocido semanario chileno utilizando la imagen del héroe máximo de nuestra historia patria Arturo Prat Chacón, me pregunto:

    ¿Hasta adonde es lícito o legítimo que por el sensacionalismo y la mediatización que genera una portada impactante, pase a llevar las bases de una de las instituciones más nobles de la República? ¿No es el vil lucro lo que persiguen generando un impacto mediático sin importar las consecuencias?

    El ejemplo de Prat como profesional de derecho, oficial de marina y padre de familia es ampliamente conocido, banalizarlo ante un caso injustificable y condenado públicamente atenta contra las bases mismas de nuestra cultura republicana.

    Francisco Sánchez
    Director ejecutivo

  • Un centenario cuento de Navidad: la paz de Noche buena de 1914

    Miércoles 24 de diciembre de 2014

    Estamos acostumbrados a que en estas fechas se reciten los típicos cuentos de Navidad, fantasías hechas para la entretención de los niños. Pero no es esa clase de cuentos que amerita narrar esta vez. Es nuestra pretensión conmemorar un cuento que no tiene nada de irreal, pero mucho de increíble.

    Si en 40 años no hubo ninguna guerra significativa en suelo europeo se debió a que en buena medida hubo un clima hegemónico de Libertad. Pero la Paz propiciada por la abstención política en favor del libre intercambio cultural y económico entre los pueblos, luego se vio amenazada y finalmente aniquilada por una creciente actividad estatal de las distintas potencias europeas que se propusieron cautivar sus mercados coloniales (lo que, por supuesto, incentivaba a una competencia colonialista mucho más violenta) y a reestablecer las barreras comerciales. Como adelantara Bastiat, si los bienes no cruzaban las fronteras, lo terminarían haciendo los ejércitos. Y cuando los medios diplomáticos se agotaron, se cumplió la sentencia de von Clausewitz de que “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Después de un capítulo de Paz en la Historia Europea, estalla la primera Gran Guerra del tiempo contemporáneo.

    Por la ignorancia propia de la inexperiencia bélica, de estrategas a rasos todos pensaron que la Gran Guerra estaría resuelta en cuestión de meses, pero los movimientos de las primeras semanas al poco pasar se estancaron. Para los generales todo se volvió infinito, mientras que en triste paradoja todo se volvió fugaz para los soldados que eran arrojados al campo por el silbato de los oficiales y tumbados en este por la metralla del enemigo, si acaso no tenían la suerte de solo sufrir mutilaciones enredados en el alambre de púas. Medio centímetro de avance en el mapa significaba decenas de miles de hombres en las tumbas, simplemente parecía que nada podría satisfacer la sed de sangre del conflicto ni mucho menos ponerle fin.

    En este contexto de decepción, angustia, dolor y sobre todo de cansancio del odio que, haciendo honor a la “magia” que rodea a la fecha, es que en la Noche Buena de 1914 los soldados del frente occidental deciden espontáneamente, y en rebeldía de sus indemnes superiores, pactar una tregua. Partió con entonaciones internas de melancólicos villancicos, los que a cien metros de distancia eran perfectamente audibles por la facción enemiga. Luego comenzaron a coincidir estas canciones, identificando melodías que por supuesto portaban distintas letras. Le siguieron tímidas señales de banderas blancas y desenlazó en atrevidas exposiciones por sobre las trincheras de cuerpo entero, cosas estas que no fueron sino pasos de fe en medio de la desesperación.

    La maravilla de este cuento radica en que, lejos de ver en los ojos ajenos la enemistad, los soldados vieron en el ojo del prójimo un reflejo de su propia Humanidad. El universal sentir de la Navidad pudo inundar lo que hasta hace horas eran los campos de lucha y muerte. Este suceso ha inspirado decenas de películas y documentales, y en efecto es un momento clave en donde el clamor de Libertad y paz inscrito en nuestra propia composición humana venció a la guerra y a la coacción estatal, donde el odio fue superado por un espíritu de fraternidad. El dolor fue reemplazado por un regocijo al que no le importó mucho el color del uniforme ni las barreras de lenguaje. Lo que viene después es la bella continuación de este cuento: sepultura de los cuerpos de los amigos caídos en combate, liturgias compartidas entre distintos credos, competencias deportivas, cantos alegres y cuanto más, hechos que en algunos lugares se extendieron hasta bien entrado Enero de 1915.

    Pero este excepcional cuento también es excepcional en su fin, no termina con un “felices para siempre”. Toda esta sucesión de hechos increíbles sucede bajo la total incomprensión de los políticos, generales e industriales amigos del gobierno. Es la tendencia de quienes tienen poder el asfixiar cualquier intento humano de Libertad. Sin embargo hemos de recordar que ese día la Humanidad venció a la guerra. El pacto de paz fue entre personas ordinarias nacidas en libertad, que ejercían esta última en los actos cotidianos de bondad y cooperación antes del enfrentamiento bélico, fue un reclamo de lo que les pertenecía por derecho propio. En el tiempo presente es de provecho conmemorar este maravilloso suceso para tener conciencia de cuál es la reacción de los hombres libres ante circunstancias en que se les arrebata su propia opción de elegir y sus sentimientos humanos más básicos de solidaridad y fraternidad.

    Francisco Sánchez Urra y Joaquín Rodriguez Droguett
    Analistas Círculo Acton Chile