Equidad de género y reforma laboral

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Karl Sievers
Abogado

Desde hace ya varios años que en nuestro país se viene trabajando para alcanzar la tan añorada igualdad de género. En esa dirección han apuntado todos los esfuerzos para cerrar las odiosas brechas culturales que aún existen entre hombres y mujer en los más diversos ámbitos de nuestra sociedad. Afortunadamente, ese trabajo ha dado grandes resultados y en la actualidad esas diferencias entre hombres y mujeres son cada día menores.

No obstante lo anterior, aún queda trabajo por hacer y uno de los ámbitos en los que todavía existe desigualdad es en el ámbito del derecho del trabajo. En efecto uno de los importantes temas aún no resueltos dice relación con la equidad remuneracional y las distinciones no siempre objetivas para acceder a ciertos cargos. Otra área en la que se manifiesta esta desigualdad se refleja en el mundo sindical, rubro que históricamente ha sido dominado por los hombres. Sin embargo desde hace más de una década que esa tendencia se ha ido revirtiendo paulatinamente y en nuestros días es común ver mujeres participando de manera activa y destacada en el mundo sindical.

En este sentido, resulta conveniente tener a la vista los datos entregados por la Encuesta Laboral (en adelante ENCLA) que periódicamente entrega el Departamento de Estudios de la Dirección del Trabajo, documento que en su última versión del año 2014 informa que desde el año 2002 a la fecha la se ha incrementado sostenidamente la participación femenina en la actividad sindical, alcanzando en 2014 un auspicioso 43,6% de afiliación sindical femenina[2].

En este orden de ideas es que la nueva ley 20.940, que tiene como objetivo declarado modernizar el sistema de relaciones laborales, ha pretendido contribuir a la equidad de género, asegurando la participación femenina al interior del sindicato y básicamente lo ha materializado a través de dos mecanismos: estableciendo un porcentaje mínimo que permita asegurar la presencia de las mujeres en el directorio de un sindicato e incorporando además la presencia de al menos una mujer en la comisión negociadora durante el proceso de negociación colectiva.

Así, a modo de ejemplo, la precitada ley 20.940 modifica el artículo 231 del Código del Trabajo estableciendo que el estatuto de un sindicato deberá incorporar un mecanismo que resguarde que al menos una tercera parte de los directores con derecho a fuero del directorio del sindicato corresponda a mujeres, o por la proporción de directoras que corresponda al porcentaje de afiliación de trabajadoras en el total de afiliados si en dicho sindicato la presencia de mujeres fuere inferior al 30%.

Bajo esa misma premisa se modificaron los artículos 272 y 278, ambos del Código del Trabajo, referidos a la participación de la mujer en los directorios de federaciones y confederaciones y en las centrales sindicales respectivamente.

Como se puede apreciar, la referida modificación normativa genera una gran oportunidad para las mujeres para que éstas ocupen espacios que tradicionalmente han sido reservados para los hombres y de esa manera ser protagonistas de la acción sindical. Sin duda esta nueva forma de materializar la igualdad de género constituye una atractiva invitación para que las mujeres participen, se capaciten y perfeccionen en los temas relacionados al quehacer sindical y continúen transformándose en un actor relevante del mismo.


[2] ENCLA 2014, pág. 166, consultado el 31.01.17 en su versión on-line, disponible en http://www.dt.gob.cl/documentacion/1612/articles-108317_recurso_1.pdf

 
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